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¿Has tenido un bebé hace poco? Es posible que ganes peso el doble de rápido

Un estudio que ha seguido el peso de 30.000 mujeres en los cinco años posteriores al embarazo desvela que los kilos que ganamos durante la gestación no nos afectan tanto como los cambios en el estilo de la vida que vienen con la maternidad

by hola.com

En un embarazo sano, en el que sólo se espera un bebé, las mujeres suelen ganar entre 11 y 13 kilos de peso que se distribuyen de distintas maneras. El del propio bebé, por supuesto, y tambiñen la placenta y el líquido amniótico, además del peso del útero, que durante la gestación pasa de 80 gramos a dos kilos. Todas las mamás embarazadas ganan peso por una circunstancia o por otra, y en casi todas se refleja en las caderas y el trasero, que ensanchan y aumentan de volumen para contrarrestar el peso de la barriguita, la cara o las piernas, que tienden a retener más líquidos especialmente en el tercer trimestre.

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Los cambios que suceden en el cuerpo de la mujer en esos nueve meses, y también después, aún son objeto de estudio para la ciencia, incluido el por qué de las fluctuaciones en el peso, y cómo nos afectan una vez tenemos al bebé en brazos. Por ejemplo, la pregorexia, una manera no oficial de nombrar a los síntomas relacionados con los trastornos de la alimentación durante el embarazo y que ha llamado la atención de nutricionistas y fisioterapeutas por igual. También la pérdida de peso asociada a la lactancia: después de que llegue el bebé, las necesidades calóricas son un 20 por ciento mayores que para el resto de mujeres simplemente porque tenemos que producir leche de forma recurrente. O, más recientemente, el interés por comparar el peso de las mujeres con bebés en los años posteriores al embarazo con el de las mujeres que no han dado a luz.

Este último estudio, aparecido recientemente en la publicación Women's Health Issues y llevado a cabo por Olga Yakusheva, profesora en la escuela de enfermería de la Universidad de Michigan, apunta precisamente por qué hay kilos que aparecen como por arte de magia, no durante del embarazo, sino después. El punto de partida: el peso que normalmente solemos ganar con los años de forma natural, uan vez comienza a relentizarse el metabolismo, y que en las mujeres puede llegar a los 800 gramos al año una vez pasada la treintena.

Basándose en una muestra de más de 30.000 mujeres que habían sido mamás entre 2006 y 2013, el estudio se centró en seguir de cerca las fluctuaciones en el peso cinco años después de dar a luz, con el fin de compararlo con las expectativas de ganancia que sufren las mujeres en edades parecidas, pero que no son mamás. Los resultados distaron mucho de ser iguales para unas y otras: para empezar, casi ninguna mujer del estudio consiguió volver a su peso inicial, previo al embarazo, después del parto. Y eso a pesar de que en el primer año después del nacimiento del bebé, las mujeres mamás perdieron peso de manera generalizada, probablemente a causa de la lactancia.

En el segundo año, sin embargo, esta pérdida de peso se estancó y se volvió equivalente a la progresión del peso en las mujeres sin niños, es decir, con una ganancia máxima de peso por debajo del kilo anual. Pero a partir del tercer año, las cifras se disparan: las mamás con bebés sufrieron una ganancia de peso muchísimo más elevada que las mujeres sin niños, con casi medio kilo más al año además del máximo de 800 gramos. Es decir, aquellas mujeres que al principio del embarazo presentaban un peso medio de 69 kilos, pasados los primeros cinco años podían llegar a alcanzar los 74-75 kilos.

¿Sus conclusiones? El peso que ganamos en el embarazo no tiene un efecto definitivo en la manera en que ganamos peso a largo plazo. Lo que sí nos afectarían serían los cambios en el estilo de vida que llegan con la maternidad. Desde la complicada conciliación de vida laboral y familiar, hasta la falta de horas en la semana para dedicarse tiempo a cuidarse una misma y hacer deporte, los desajustes en la alimentación que vienen con las prisas, o incluso la falta de sueño, que puede afectar a los niveles hormonales conjuntamente con el estrés, y afectar a la manera en que almacenamos y conservamos la energía en lugar de quemarla.

En este sentido, es importante no sentirnos cupables si vemos que los números de la báscula escalan: parte del peso que ganamos después de que llegue el bebé es en realidad producto del paso del tiempo. La otra parte, una combinación de variables que podemos intentar manejar, pero sin obsesionarnos, manteniendo un estido de vida lo más saludable posible, y recordando que todo irá poco a poco volviendo a la normalidad a medida que los niños se vayan haciendo mayores.

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