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La alimentación en la adolescencia, ¿cambia?

Los cambios físicos, mentales y emocionales que se dan en la adolescencia pueden resultar menos difíciles si optamos por una alimentación adecuada, que además hable el mismo idioma que los 'tweens' y 'teens'

by hola.com

Un estirón y de repente... los 'peques' entran de lleno en la adolescencia, una etapa marcada por los cambios físicos y también de mentales y emocionales. Pasan de ser niños a ser personas con una identidad propia, y un sentido de la individualidad y de la independencia. Muchas veces, a los padres les cuesta asumir la rapidez con la que llegan estos cambios y sobre todo lo difícil que se vueleven algunas cosas para los hijos.

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"La buena noticia es que una correcta alimentación puede ayudarles a superar con éxito esta etapa crucial de la vida", explica la Dra. Isabel Belaustegui, patóloga y especialista en nutrición. "Si basan su alimentación en alimentos extremos o carentes de nutrientes, como la comida procesada, los dulces o los refrescos, estarán hiperactivos, más agresivos, les costará concentrarse o, por el contrario, apáticos y despistados". Por el contrario, una alimentación natural basada en verduras, fruta, cereales integrales, proteínas de buena calidad, algas, semillas y frutos secos les dará el tipo de energía que necesitan y les aportará capacidad de concentración, comunicación y equilibrio emocional.

Entre otras cosas, desde muy pequeños, los niños están acostumbrados al bombardeo de la publicidad: un bombardeo polarizado que por un lado vende la imagen de cuerpos perfectos y cánones de belleza difíciles de alcanzar, y por otro alimentos procesados que les empujan a desear sólo comida sensorial, es decir, atractiva. "A los adelescentes la comida les tiene que entrar por los ojos o, de lo contrario, no querrán ni probarla. Debemos jugar a mantener el equilibrio entre una comida sencilla y sana por un lado y lo sensorial a lo que están habituados fuera de casa, por otro. Esto significa que nos ayudará mucho ofrecerles alimentos sanos preparados en forma de platos atractivos, de colores, olores y texturas diferentes, que se parezcan incluso a los platos que comen fuera de casa o con sus amigos".

Es decir: reinventar los mismos trucos que usábamos con ellos de pequeños para que comiesen espinacas o pescado, pero adaptándolos a esta nueva etapa, por ejemplo con pizzas o hamburguesas elaborados con ingredientes saludables, zumos naturales o platos inspirados en comidas de otros países. Los alimentos, eso sí, deben cubrir siempre sus necesidades físicas, mentales y emocionales, que además se agudizan en esta etapa de cambios. "La adolescencia es una etapa de gran intensidad con una alta demanda de nutrientes", explica la doctora Belaustegui. "Es una época de mayor actividad física, escolar y extra-escolar, cambios asociados al crecimiento y el desarrollo hormonal, encuentros con los amigos, primeros amores y una gran presión por estar delgados y tener el físico de moda". Entre estos cambios estarían, además, los desajustes de sueño que se producen en esta etapa de la vida y que no se estabilizan hasta la edad adulta: el reloj biológico de los adolescentes no les permite dormirse tan temprano como antes, algo que no cuadra con el horario escolar, que demanda que estén despiertos a horas tempranísimas del día. El resultado: niños cansados que no tienen energía suficiente para afrontar la jornada escolar, las actividades después de clase, los deberes y las horas de ocio.

"El sistema nervioso debe trabajar a máximo rendimiento pero no le dan suficiente descanso; es una época en la que la necesidad de dormir no se valora, con una agenda tan ocupada e intensa". En el aspecto emocional, cobra gran importancia la propia identidad y el deseo de independencia, "una difícil combinación con la necesidad de sentirse totalmente aceptados por el grupo de amigos y otros compañeros".

¿CÓMO PODEMOS HACER LA VIDA MÁS FÁCIL A 'TEENS' Y 'TWEENS' CON LA ALIMENTACIÓN?

1. Los adolescentes necesitan alimentos que aporten energía y vitalidad. Lo conseguimos con los cereales integrales, las verduras, las semillas o los frutos secos.

2. Es importante que coman a horas regulares: asegurarse un buen desayuno y que se lleven un tentempié para tomar a media mañana. En ambos casos deberán incluir fuentes saludables de carbohidratos, proteínas y grasas. Un bocadillo puede ser la solución: elige un pan de cereal integral de buena calidad, unta algo cremoso para que sea más sabroso (aceite de oliva, tomate, aguacate) y añade un alimento rico en proteína (huevo, pavo, salmón, paté vegetal, seitán, tempeh) y alguna verdura (rodajas de pepino, zanahoria rallada, lechugas, berros, endivias). Es delicioso, muy completo y nutritivo.

3. Para controlar el peso es fundamental evitar los alimentos de alto índice glucémico, como el azúcar, los refrescos, la bollería industrial, las harinas refinadas y las chucherías. De paso, ayudaremos a que tengan la piel más limpia y bonita y a reducir la probabilidad de que desarrollen acné: por la piel eliminamos toxinas en forma de acné o erupciones cutáneas, de manera que reduciendo el aporte de tóxicos en la dieta evitamos que tengan que aparecer espinillas o granitos para ser expulsados.

4. Los adolescentes necesitan mayor consumo de proteínas que los adultos, pues están en un momento de gran demanda física. Y esto es doblemente importante pues si les faltan los alimentos que nutran sus huesos, músculos y sistema hormonal, recurrirán a los alimentos procesados, los aperitivos y los refrescos.

5. Cada vez hay más adolescentes con problemas respiratorios como alergias o asma, que se ven agravados por algunos alimentos, como los azúcares, las harinas refinadas de la bollería industrial, las grasas trans, los aditivos alimentarios o los productos lácteos. Hay que animarles a reducir su consumo y a aumentar la actividad física, el tiempo al aire libre, la respiración y la expresión de sus emociones, además de ofrecerles una dieta saludable.

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