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Mesas de Navidad: ¿cómo acertar con el vino?

Cuáles son más adecuados en función del menú, en qué orden servirlos, cómo han de ser las copas, a qué temperatura se deben degustar… con estos consejos de experto, ¡no te equivocarás!

by hola.com

¡Cuánto nos gusta la Navidad en esta sección de Cocina! Y es que, si hay una época donde las mesas y los grandes banquetes adquieren especial relevancia, es precisamente en estas últimas semanas del año. Así pues, durante todo este mes de diciembre os iremos ofreciendo un montón de pistas gastro para que tengáis unas navidades de lo más sabrosas.

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Si ya el pasado viernes arrancábamos con una ruta de restaurantes donde brindar por estas Fiestas con amigos y compañeros de trabajo, hoy hemos querido centrar nuestra atención en uno de los apartados más importantes a la hora de conformar nuestros menús de Navidad: los vinos, un apartado fundamental para el éxito de las celebraciones y al que no siempre le concedemos la relevancia que merece. ¿Cómo acertar en este sentido? Seguro que con los consejos de Francisco Hurtado de Amézaga (Director Técnico y de Producción de las bodegas Marqués de Riscal) será mucho más sencillo. ¡Toma nota!

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LA ELECCIÓN. A la hora de seleccionar un vino es muy importante tener en cuenta la intensidad aromática respecto al plato que acompaña. Los vinos deben coincidir en esta intensidad tanto a nivel aromático como por contraste.

VALENTÍA. La idea tradicional de maridar el pescado con vino blanco y la carne con tinto ha pasado a la historia. La potencia aromática y de sabores que tenga un plato, requerirá un vino equivalente. Hay pescados que piden un tinto ligero, o carnes blancas que maridan con blancos en crianza. Es cuestión de echarle valor y cabeza.

SIN PREJUICIOS. No debemos olvidar que a día de hoy tenemos un abanico de rosados gastronómicos y que maridan a la perfección con casi todo, pese a su acostumbrada mala prensa. Lo recomendable es servirlos siempre rondando los 12ºC de temperatura.

EL ORDEN. Es buena idea comenzar con Jerez o espumosos el aperitivo, pudiendo estos últimos servirse durante toda la cena. Continúa con los rosados, los blancos y, posteriormente, los tintos. Siempre de más joven a más viejo. El orden de los factores sí que puede influir en el resultado final.

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PACIENCIA. Si dispones de tiempo y es adecuado para el vino,  la botella se deberá abrir con algo de antelación.

TEMPERATURA. En la cubitera, además de hielo, deberemos añadir agua fría y que ésta abrace toda la botella. Para que el vino alcance su máximo esplendor, debe estar a la temperatura adecuada. Siempre hay que seguir la recomendación que el elaborador deja indicado en la etiqueta. En general, la franja térmica comienza en los 8 o 9 grados de un blanco con poco cuerpo, que va aumentando con este último, hasta alcanzar los 13-14ºC. El tinto, con temperaturas de consumo algo más elevadas, ha de servirse fresco para que vaya entonándose en la copa.

EL MISTERIO DE LA COPA. Utilizaremos una copa adecuada para cada vino, siendo más pequeña la de blanco. En el caso de los tintos, lo ideal es tener dos tipos: borgoña y burdeos. Es más importante la calidad del vidrio que el tamaño de la copa: ha de ser bueno y fino para que el vino no encuentre obstáculos hasta nuestro paladar. Importante: secar siempre con paños de algodón, nunca con papel. Evitaremos encontrar rastros desagradables.

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CONSERVACIÓN. Si nos queda una botella a medias, lo mejor es poner un tapón que haga el vacío y guardarlo en la nevera tumbado. Aunque la mejor opción siempre es terminar el vino.

MONTAJE: Una botella en formato mágnum ayudará a la buena conservación del vino ya que la cantidad de oxígeno por botella es menor, además de poseer mayor inercia térmica o por contraste. Por otra parte, la puesta en escena de la mesa con un mágnum siempre es señal de éxito.

Y ANTE LA DUDA… Asesorarse por un experto es lo más acertado para no equivocarse. Para elegir el vino apropiado para cada plato, siempre cuatro ojos ven mejor que dos.