Diez errores que (quizá) estás cometiendo a la hora de preparar una ensalada

Diez errores que (quizá) estás cometiendo a la hora de preparar una ensalada

Disfrutamos de ellas todo el año, pero es ahora, con el calor, cuando más apetecen. Un tipo de preparación que, aunque sencilla en la mayor parte de los casos, requiere también de sus trucos y pautas si queremos un resultado… ¡de diez!

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Junto con los gazpachos y cremas frías, las ensaladas son las ‘reinas’ de las mesas veraniegas. Perfectas para ayudarnos a combatir el calor, su elaboración no suele entrañar grandes dificultades. Además, pocos platos tan versátiles como éste: existen prácticamente tantas ensaladas como cocineros las preparen.

La mejor será siempre, por supuesto, la que más guste a cada cual (aquello de ‘para gustos…’). Sin embargo, sí que hay una serie de pautas genéricas que pueden ayudarnos a que nuestras ensaladas pasen a otro nivel. O, dicho de otro modo, una serie de errores bastante comunes que es preferible evitar si queremos conseguir buenos resultados. Estos son algunos de los más habituales:

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  • Caer en la monotonía. Intenta pensar en un tipo de receta que acepte tantos ingredientes y tan dispares como una ensalada. Ciertamente, no hay muchos. Siendo así, ¿por qué la mayor parte de las veces terminas preparando la misma ‘versión’ de ensalada? No debes dudar en dar rienda suelta a tu imaginación a la hora de probar distintas combinaciones y texturas: una día ensalada de pasta, otro de legumbres, o de arroz, o de cuscús, o de quinoa… Un día, una ensalada fría, otro día templada… Prueba también con distintas variedades de tus ingredientes favoritos y combínalas. Hoy en día tenemos a nuestro alcance, por ejemplo, un gran número de verduras de hoja verde. Resulta muy interesante combinar varias en una misma ensalada, ya que cada una aporta un sabor, textura y nutrientes diferentes. Las hay dulces y suaves como la lechuga Boston. También están las crujientes, como la Romana o la Orejona; verduras amargas, como la endibia, espinaca, radicchio o la escarola; o las especiadas, como la rúcula o los berros.
  • Aliños ‘aburridos’. También en este terreno resulta muy estimulante para el paladar salir del clásico ‘aceite, vinagre y sal’. Hay infinidad de productos que pueden dar lugar a interesantes aliños: hierbas aromáticas, mostaza, ralladura de limón o de naranja, frutos secos muy picaditos, miel, yogur natural si queremos un aliño más cremoso… Recuerda siempre, eso sí, que la intensidad del sabor de la vinagreta o de la salsa usada debe realzar el sabor de los ingredientes, no opacarlos.
  • Descuidar las proporciones. Si aún así optas por la vinagreta clásica, recuerda que la proporción debe ser tres partes de aceite de oliva por una de vinagre y una pizca de sal.
  • ¿Primero la sal, primero el vinagre?... Un error común es no tener en cuenta el orden correcto si vamos a aliñar la ensalada de forma tradicional. ¿El más indicado? Primero la sal, después el vinagre y, por último, el aceite.

  • Cortar la lechuga con cuchillo. Si éste es de metal hará que la lechuga (y en general, cualquier vegetal con mucha agua) se oxide antes. Así pues, mejor trocearla con la mano (o en su caso, con cuchillos o tijeras de plástico).
  • Abusar del (falso) vinagre de Módena. Los vinagres de Módena auténticos son magníficos, pero también carísimos. Así que déjate de sucedáneos, y apuesta por los magníficos vinagres de Jerez que tenemos en España. Una elección infinitamente mejor.
  • Pensar en vinagre como única opción. Recuerda que lo puedes sustituir por zumo de limón o lima. Estos también aportan acidez pero, además, otras propiedades como vitamina C, antioxidantes, etc.
  • Elegir salsas procesadas. Los aliños para ensalada que vienen ya preparados en el mercado suelen contar con altos niveles de sal, azúcares, grasas de mala calidad, que no nos interesan a nivel nutricional. Así que trata, en la medida de lo posible, de preparar tus propios aliños caseros.

  • Optar por cualquier aliño para cualquier ensalada. El aderezo es tan importante como la ensalada misma, por ello éste debe ser elegido cuidadosamente; esto es, si, por ejemplo, lleva quesos fuertes, el aderezo debe ser intenso también (si no, su sabor se perderá). Si lleva frutas, es preferible que el aderezo sea más ligero. Para las ensaladas de pescado va bien, por ejemplo, que el toque ácido lo aporten cítricos, con hierbas aromáticas como estragón o cebollino… No obstante, como decimos, el gusto personal será el que finalmente prevalezca.
  • Aliñar antes de tiempo. La ensalada se adereza justo en el momento de servir. Si no, el aliño estropearía la tersura y textura de los vegetales, sobre todo si se trata de hojas ‘tiernas’ (brotes, etc…). Si se trata de ensaladas de arroz, pasta, cuscús… estos elementos quedarán reblandecidos con un aliño servido antes de tiempo.