Con o sin huevo, en formato de espaguetis o rellena, tú eliges; pero, lo que sí sabemos, es que cuando pruebes hacerla en casa, no volverás a ninguna otra

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¿A quién no le gusta la pasta? Este mundialmente conocido plato de la cocina italiana es un alimento que, habitualmente, compramos en el supermercado embolsada, normalmente seca, buscando la que más nos gusta o la que podemos comer si tenemos algún tipo de intolerancia. A veces, nos paseamos por el pasillo de los refrigerados y nos encontramos con paquetes de pasta fresca que se nos antoja y cambiamos la seca por esta otra. Sin embargo, como ese pequeño porcentaje a la que no le gusta los platos a base de este ingrediente, hay otro pequeño porcentaje, sobre todo en Italia y Argentina, que no deja entrar ninguna de esas pastas industriales en casa y las hace con sus propias manos. Aunque pueda parecerte una ardua tarea (por el gran amasado que exige), en cuanto le coges el truco, ya no querrás otra. Por eso, desde ¡HOLA! Cocina, hemos pensado en enseñarte cómo hacerla. Además, no olvides que una pasta si no está acompañada de una rica salsa como la clásica boloñesa o un delicioso pesto, no está completa.

Antes de entrar en materia, tienes que tomar una decisión, pues marcará los ingredientes, los tiempos de secado, el amasado y el corte de la pasta: 

  1. ¿Qué tipo de pasta quiero hacer? ¿Con huevo o sin huevo?
  2. ¿Qué formato de pasta quiero? ¿Pasta rellena o unos sencillos tagliatelle?

Según sea tu respuesta, vete directamente a uno u otro epígrafe de este artículo. Lo mejor es tener una máquina de pasta, no para amasar, sino para que aplaste nuestra masa y nos facilite (y mucho) este proceso. Es más, en Italia se asegura que no hay casa sin su máquina de pasta. Aún así, como no es una herramienta muy común en nuestro país, nosotros vamos hacerlo con un rodillo grande y cortando la pasta con un cuchillo o un cortapastas.

En cuanto a la harina, la más recomendada y la que se utiliza en Italia es la llamada semolina, muy difícil de conseguir en nuestro país. Pero, si lo haces, hazte con varios paquetes, porque el sabor que le da a la pasta, sobre todo a los espaguetis, tagliatelle y bigoli, es completamente diferente. Al ser una harina de trigo de grano duro, la textura es única. Por eso, si la encuentras, juega con la siguiente proporción: 50% harina de trigo y 50% de semolina.

Pincha en este enlace o en la imagen y mira todas las recetas de pasta que puedes hacer para poner en práctica esta técnica

Pasta fresca con huevo

Es la que suele hacerse más comúnmente en los hogares italianos, por ser mucho más fácil de amasar y porque es la que se consume al momento de hacerse. Estas se hacen a base de dos ingredientes: harina y huevo. A veces, se le añade un poco de agua, dependiendo del tipo de harina y del tamaño de los huevos.

La regla básica en cuanto a proporciones es que utilices un huevo por cada 100 gramos de harina. Ni aceite ni agua. Amasas bien y listo. Si lo necesitas, porque ves que la masa es prácticamente indomable, echas un poco de agua. Muy poco. El formato más clásico que suele dársele a este tipo de pasta son los tagliatelle o tallarines, además de los espaguetis. Pincha en la imagen para ver la receta completa.

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Pasta fresca sin huevo

Con tan solo dos ingredientes: semolina y agua, estas pastas generalmente necesitan un tiempo de secado y se utiliza en Italia para elaborar en casa, por ejemplo, los famosos cavatelli, sobre todo, en personas alérgicas o intolerantes al huevo. Por eso es más difícil de elaborar, pero también te vamos a dar la receta, tan solo tienes que pinchar en la imagen a continuación. Para este caso, en vez de en formato espaguetis, vamos hacer una pasta rellena, como unos ravioli o tortellini, para los que necesitarás, eso sí, unos buenos moldes. Pero puedes intercambiar el formato y hacer pasta fresca con huevo para la rellena y viceversa.

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Cuando vayas a cocinarla, el agua de cocción debe estar hirviendo en el momento de que echemos la pasta y controlar mucho los tiempos, que suelen ser muy cortos, ya que la pasta fresca se hace rápido, calcula entre 3 y 7 minutos, siempre dependiendo del grosor de la pasta.

Si no vas a consumirla de manera inmediata, envuélvela en film transparente y consérvala en la nevera como mucho dos o tres días. Puedes, incluso, congelarla.