Es uno de los grandes clásicos de la repostería casera y, por muy lleno que estés, siempre encuentras sitio para ella. Con estos consejos no podrás decirle que ‘no'

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La tarta de queso es, sin duda, una de las favoritas de cualquier recetario de repostería. Compiten con ella muchas, como la tarta de zanahoria o una tarta a base de mucho chocolate. Pero, si nos ponemos a preguntar, seguramente sea la primera la que más elogios se lleva. Sobre todo, si está bien hecha. 

Aunque es un postre más o menos sencillo, sus versiones, técnicas y variedad de ingredientes (aunque sí, siempre tiene que haber queso) hace que llegar al sabor suave y delicado, además de a su textura perfecta sea todo un reto. Y nosotros, estamos para eso, para ayudarte con los pequeños retos que te surgen en la cocina a diario. Por eso, vamos a convertirte en todo un experto de este gran clásico de la repostería al que siempre hay que dejarle un hueco, aunque sea el último.

Unos datos rápidos sobre la tarta de queso

Imprescindible de muchas de las cartas de postre de los restaurantes, la favorita de todo el mundo suele ser la que consigue una textura cremosa, casi fundida, que se derrite en cuanto le damos con la cuchara. Además, el sabor del queso ha de ser intenso, pero no tan fuerte como para perder su dulzura.

Su origen es bien incierto, aunque se cree que, más que un postre, la tarta de queso era en realidad un plato repleto de proteínas que daba energía a los primeros atletas de la Antigua Grecia, donde se cree apareció por primera vez. Y, desde aquí, como otras muchas cosas, dio el salto a Europa, reinventándose con ingredientes nuevos, modificando otros muchos o, incluso, prescindiendo del horno. En España, sin embargo, se sabe que apareció en Cantabria, donde comenzó a elaborarse su prima-hermana: la quesada pasiega. Una mezcla de leche de vaca cuajada, harina, huevos y mantequilla. 

Si quieres saber cuáles fueron las tartas de queso ganadoras del año pasado pincha en este enlace o en la imagen a continuación

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Consejos para elaborar la tarta de queso perfecta

Tarea difícil esta que tenemos por delante, para lo que hay que tomar dos decisiones previas y, después, ponernos manos a la obra. La primera, si queremos una tarta de queso fría o caliente; es decir, si vamos a necesitar utilizar el horno o contar con varias horas de conservación en la nevera. La segunda, el sabor que buscamos, más o menos dulce, más o menos intenso, porque de esto dependerá los ingredientes. Por lo general, son necesarios huevos, harina, mantequilla, un yogur o nata, azúcar y, quizás, un poco de limón. Estos son los que componen la receta original, pero según sean tus preferencias, podrás modificar alguno de ellos. En Italia, por ejemplo, utilizan el requesón o el marcaspone y, en el norte de España, sin embargo, quesos más fuertes como el queso de Arzúa.

  • Elegir un buen queso. Si quieres conseguir una textura suave y cremosa, debes elegir, sin duda, una ricotta o un mascarpone de origen italiano. Sin embargo, no descartes, por ejemplo, un buen queso brie francés. Si has elegido hacer una tarta de queso fría, es mejor que escojas un queso en crema. Si prefieres el horno y un sabor intenso, no dándole tanta importancia a la textura, sin duda, un buen queso de vaca nacional.
  • Dale la importancia que se merece a la galleta. Suele ser la base más utilizada, porque nos ayuda a darle firmeza, sobre todo, a las tartas frías. Deben estar muy bien trituradas y mezcladas con la mantequilla, creando una especie de pasta que, obligatoriamente, debe haber reposado un rato largo antes en la nevera. Si no, el desastre puede ser importante cuando cubras con tu crema de queso y veas que se empiezan a desperdigarse todas las migas.
  • Es más, te animamos a que la presiones fuerte con un rodillo o una taza y que la hornées unos diez minutos a 170 °C antes de meterla en el frigorífico. Así evitaremos que se agriete.

Paso a paso: tarta de queso ligera con topping de frutas

Si quieres ponerte manos a la obra, te proponemos lo hagas con esta receta en la que puedes sustituir tu robot de cocina por una batidora de vaso. Sin embargo, aliarte con uno de ellos es aconsejable, sobre todo, para conseguir la textura impecable que tiene esta tarta.

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  • En cuanto a la masa, prepárala con ayuda de una batidora de pala o un robot de cocina. Nada de usar accesorio de varillas. Y mezcla siempre a velocidad media-baja, para no introducir aire en la masa y evitar que se formen burbujas durante su cocción.
  • El molde también es importante, siendo el mejor de todos uno desmontable con cierre. Y es recomendable forrarlo con papel vegetal, para evitar que los líquidos salgan o penetre el agua si vas a realizar su cocción al baño María.
  • Si has elegido la opción horno, antes de sacarla (además de respetar los tiempos, algo fundamental), comprueba la cocción de tu tarta con un palillo, porque aunque la quieras un poco líquida, puede estar demasiado líquida. No la saques inmediatamente, deja la puerta del horno entreabierta durante 15 minutos, que repose con tranquilidad y enfriando poco a poco.
  • Hornea, como mucho, a 170 °C, como la base de galleta. Hazlo durante 40 minutos, sin abrir la puerta en ningún momento y, transcurrido este tiempo baja la temperatura a unos 150 °C y aguanta la tarta en el horno unos 20-30 minutos más.
  • Deja siempre que se enfríe dentro del molde, sobre una rejilla y a temperatura ambiente.
  • Si tu tarta ha quedado un poco seca, no te desanimes, cúbrela con un poco de mermelada de frutas para darle un toque de sabor diferente y algo de jugosidad.

Paso a paso: tarta de crema de queso sin horno

Otra opción, que puede quedar igualmente deliciosa, es hacer tu tarta de queso sin horno, pues dentro de este manjar de la repostería, hay muchas formas de hacerla, lo único que cambia es la textura final y que necesitará, sí o sí, un ingrediente que le ayude a solidificar (en este caso, la gelatina neutra) y mucho tiempo de reposo en la nevera.

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