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Lloros, cambios de conducta... ¿le está costando a tu hijo adaptarse a la escuela infantil?

Si es así, debes saber que es un proceso normal y pasajero. Tan sólo necesita un tiempo para familiarizarse con su nuevo entorno, y lo logrará con el apoyo del centro y la familia

by Ana Asensio, psicóloga

Es frecuente que los niños tengan un período de adaptación a la escuela. Si nos paramos a reflexionar, todos necesitamos un tiempo para familiarizarnos con un nuevo lugar o situación.

A diferencia de nosotros, nuestros hijos, sobre todo los más pequeños, no cuentan con las herramientas cognitivas ni verbales para comprender qué está sucediendo. Ellos nos manifiestan su malestar con lloros, cambios de comportamiento y alteraciones en sus hábitos diarios de alimentación y/o sueño.

Este período de adaptación puede ser más delicado cuando los niños y bebés a partir de ocho meses empiezan a ser conscientes de dónde están y quién les acompaña. En este momento, comienzan a extrañar no sólo las rutinas que tenían en casa, sino también el contexto y las personas nuevas que comparten con ellos el día a día.

Por todo ello, es importante que los padres comprendan que tan sólo se trata de un proceso evolutivo, absolutamente normal, en el que el propio colegio juega un papel fundamental.

La escuela, un pilar fundamental

En efecto, los padres no están solos: cuentan con el apoyo de la escuela, que debe ser consciente de la situación y respetar este momento como un proceso natural que forma parte del desarrollo de los niños. Lo más adecuado es que el centro educativo se muestre accesible a las familias con una actitud amable y cariñosa, dando tiempo a que los pequeños se habitúen y comprendan para qué van al colegio.

Y una manera de conseguirlo es estableciendo unas rutinas, una serie de actividades que resulten atractivas y se adapten a la edad de sus alumnos. Para ello también es importante que el centro sepa sus gustos, que identifique cuáles son sus juguetes favoritos, su muñeco predilecto, su ‘gasita’ de dormir, el chupete que usa en casa… Así, la escuela podrá facilitárselos y hacer más llevaderos momentos especialmente sensibles como las despedidas por las mañanas, las comidas y las siestas. Los profesionales conocerán, de esta manera, sus hábitos a la hora de comer o dormir, y por tanto, descubrirán si requiere más atención o cuidado en alguno de ellos.

De hecho, el colegio y las familias tienen que darse la mano durante todo el proceso, aumentando la comunicación y coordinación entre ambos. Es normal que los padres experimenten sensaciones encontradas –como ilusión y miedo a la vez-, e incluso lleguen a sentirse culpables. Superar estos momentos vitales forma parte del camino, y la misión de la escuela consiste en recordarles que esto pasará y que la escuela infantil, ese lugar donde ellos depositan mucha confianza, hará a su hijo muy feliz.

El proceso de adaptación también comienza en casa

El trabajo no sólo se lleva a cabo en la escuela, sino también en casa. Siempre es aconsejable que los padres transmitan calma, seguridad y emociones positivas a la hora de llevar a sus hijos al colegio. Si son ellos mismos los que les acercan al centro educativo, deben procurar que las despedidas no sean demasiado largas ni demasiado cortas, pero sí afectuosas. Darles un beso y decirles una frase tranquilizadora como “luego vengo a buscarte” o “luego nos vemos”. De esta forma, los niños empiezan a entender que decir “adiós” y “hasta luego” forma parte de la vida, y que sus padres no lo van a abandonar y volverán a buscarlo. Esto propicia que desarrollen mucha seguridad interior y confianza.

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Un proceso natural y pasajero

En unas semanas, todo habrá pasado. Es más, probablemente, serán los niños quienes pidan regresar a la escuela. Para entonces seguro que su profesora ya se ha convertido en una persona igual de 'famosa' y querida que su personaje de dibujos preferido, sus siestas serán tranquilas, y echará tanto de menos la comida del colegio, que más de un padre o madre tendrá que pedir alguna receta.

Como todos los procesos, un período de adaptación sana a la escuela infantil requiere su tiempo, y si se hace con coordinación, mucho cariño, profesionalidad y respeto, no será largo en absoluto.

Ana Asensio es psicóloga y directora de la Escuela Infantil Nemomarlin Majadahonda