Sociedad

Isabel y Juan Francisco: una boda con mucho arte y sabor andaluz

Se conocieron en Madrid, pero fue Sevilla, lugar de nacimiento de la novia, donde celebraron su boda el pasado mes de octubre

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Isabel y Juan Francisco se funden en un emotivo abrazo tras su 'sí, quiero'.
©Mery Ferraro

El primer encuentro de Isabel Rui-Díaz y Juan Francisco Llovet tuvo lugar un domingo. Habían pasado siete años de la llegada de la sevillana a la capital, y quedó con una amiga y el novio de ésta en la Plaza de Olavide, en Madrid. Pero la pareja de su amiga acudió a la cita muy bien acompañado, no sólo por su novia, sino también por su amigo Juan Francisco. Y así fue cómo surgió la magia entre Isabel y Juan Francisco.

Tiempo después, un día Juan Francisco se acercó hasta la oficina donde trabajaba Isabel, y una vez terminó su turno, se fueron a cenar a un restaurante muy especial para ellos. Se trataba del mismo lugar que sirvió de escenario a su primera cita tiempo atrás. La pareja rememoraba de esta manera los principios de su relación, y lo hacían pidiendo la misma comida y sentándose en el mismo sitio que aquella vez. Entonces, Juan Francisco le preguntó a Isabel si quería casarse con él. Ella respondió ‘sí’, y tal y como relata la propia Isabel, todo el restaurante acabó brindando con ellos .

Sin embargo, la pedida oficial se celebró en la tierra de la novia, Sevilla, que también se convirtió en marco de su boda, el pasado 6 de octubre. La Parroquia de San Sebastián de la capital hispalense acogió la ceremonia religiosa en la que Isabel y Juan Francisco se daban el ‘sí, quiero’.

Esta iglesia situada en el barrio del Porvenir sevillano, es un lugar muy conocido y apreciado por la familia de la novia. De hecho, ella se bautizó en dicho templo religioso.

El sacerdote don Juan Antonio Lamarca se encargó de oficiar la misa, que contó con la música de la Escolanía de los Palacios, mientras que la prima de Isabel, Reyes de la Escalera, abría el acto con un discurso que logró emocionar tanto a la novia como a los presentes.

Para esta ocasión tan importante, Isabel confió su vestido en la diseñadora Luisa Pére Riu. Confiesa que siempre tuvo claro que ella sería la persona que iba a dar vida a su modelo de ensueño, compuesto por una cola de encaje de más de tres metros y un velo de nada menos que cinco. Por debajo del vestido, escondió un pequeño lazo azul que perteneció a las enaguas que su bisabuela llevó en su enlace. Y para completar su conjunto, Isabel escogió otro objeto familiar: unos pendientes de esmeraldas que su padre, Antonio Rui-Díaz, le regaló a su madre, Isabel Cabrera, antes de fallecer. Aunque Antonio no pudo asistir a la boda de su hija, sí estuvo muy presente durante toda la ceremonia. Sobre todo, cuando Isabel y su prometido se intercambiaron las alianzas, ya que estas piezas fueron realizadas a partir de los anillos de matrimonio de Antonio e Isabel.

Otra prima de Isabel, Inma, cuidó cada detalle de la decoración del espacio Pino de San José, que acogió el banquete y la fiesta del enlace. Allí,  los recién casados vivieron, junto a sus invitados, algunos momentos que nunca olvidarán. Uno de ellos llegó cuando Isabel perdió de vista a su marido. Minutos más tarde, Juan Francisco apareció con un micrófono sobre el escenario, y le pidió a Isabel que se subiese con él. Juntos, cantaron la comparsa ‘Todos los besos’, animando esta gran fiesta.

En lugar de lanzar su ramo para que lo cogiese la más afortunada, Isabel mandó realizar cuatro réplicas de su bouquet de crisantemos silvestres y margaritas, elaborado por Búcaro. Dos se los entregó a unas amigas que estaban a tan sólo un paso del altar, otro a su mejor amiga, Marisol Ponce, y el último a la madre de su marido, Carmen Rodríguez. Y para sorpresa de todos, Isabel regaló a su madre su ramo ‘original’, el que había llevado en la iglesia.

Otro de los regalos más significativos de la boda fue el que los recién casados hicieron a una pequeña sin recursos. Tanto Isabel como Juan Francisco acordaron financiar el tratamiento de esta niña en la asociación ‘Équma terapias ecuestres’, que se dedica a mejorar el desarrollo físico, psíquico, social y emocional de personas con diversas dificultades, a través de diferentes terapias con caballos.

 

 

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