Sociedad

Concha Espina, la historia de una escritora injustamente olvidada

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento de esta novelista y poetisa santanderina, una de las autoras españolas más importantes del siglo pasado

Más sobre:

A la izquierda, una de las últimas fotos que se disponen de Concha Espina. A la derecha, un retrato de la joven escritora.
©Archivo familiar/GTres

Hoy se cumplen 150 años del nacimiento de la escritora Concha Espina. Una de las grandes plumas de nuestro país que, a pesar del éxito que cosechó en su época –incluso estuvo a punto de ganar el Premio Nobel de Literatura-, ha caído en el olvido.

En este aniversario tan especial y a apenas unos días de que salga a la venta un libro que recoge su poesía y algunos versos inéditos, su familia ha querido reivindicar su figura literaria, pero también el lado comprometido y más humano de esta poetisa, novelista y articulista.

“Era una mujer muy dulce, trabajadora, incansable, exigente, valiente, bondadosa y con una gran empatía hacia los desfavorecidos”, según nos explica Concha Muguerza y Sainz de la Maza, su bisnieta. ‘Madrina’, como le gustaba que la llamasen sus nietos en la intimidad, fue una adelantada a su tiempo, una de las primeras mujeres que se divorció de su marido en España, “gracias a la ley impulsada por Clara Campoamor”, y que luchó contra viento y marea por sacar a su familia adelante. Una mujer pionera e independiente que logró dedicarse a su gran pasión, la literatura.

Tanto Concha Muguerza como su madre, Paloma Sainz de la Maza, nieta de Concha Espina, nos explican que entre las virtudes de la autora destacaba la empatía con aquellos que más lo necesitaban. “Cuando empezó a ganar dinero con sus libros, lo primero que hacía era repartirlo con todos sus empleados y la gente necesitada de Luzmela”, el pueblo cántabro donde su familia poseía una casa, y que sirvió de escenario a su novela más famosa, ‘La niña de Luzmela’. “Las mujeres del pueblo no pueden esperar ni un día porque no tienen para comer”, solía decir la escritora santanderina.

Su compromiso con los demás siempre fue más allá. Así, en 1917, Concha viajó hasta Huelva para conocer de cerca la situación de los mineros de Río Tinto, que habían organizado una huelga para reclamar mejores condiciones laborales. Fruto de aquella experiencia, escribió ‘El metal de los muertos’, donde no dudó en denunciar el pésimo estado de las minas onubenses, así como los múltiples riesgos a los que se enfrentaban los obreros cada día.

“Le faltó apoyo en España”, afirma Concha Muguerza, de manera rotunda. “Había mucho machismo, aunque sus compañeros de la generación del 98, como Machado, Maeztu… sí la reconocieron y la apoyaron muchísimo”. Además, obtuvo el reconocimiento de la Casa Real española, ya que el rey Alfonso XIII le llegó a ofrecer un título nobiliario que rechazó “porque era muy sencilla”.

Lo que, en cambio, sí recogió y con orgullo fue la Banda de Damas Nobles de la Reina María Luisa, la más alta condecoración que se le podía conceder a una mujer en nuestro país y que, por primera vez en la historia, recayó en ella por mérito profesional –y no por pertenecer a ninguna familia aristocrática-.

“Hasta el último momento estuvo al pie del cañón”, cuenta Paloma Sainz de la Maza, que apunta que pese a que su abuela se quedó ciega tras la Guerra Civil, continuó escribiendo. “Su último artículo, ‘Palabras’, lo llevé yo misma al periódico ABC y se publicó el mismo día que murió”. Antes de partir, pidió que la peinaran y la pusieran pendientes “para recibir a Dios”. “Palomita, ahora sí que voy a ver”, fueron sus últimas palabras.

Concha dejaba atrás a su familia, a la que inculcó el valor de la cultura, y todo un legado literario que ha sobrevivido hasta nuestros días como uno de los más valiosos de las letras en castellano. 

Tu evento también puede aparecer en el espacio online más exclusivo

Compártelo con nosotros

Si consideras que este contenido no está autorizado o es inapropiado y quieres denunciarlo, por favor, mándanos un mail a sociedad@hola.com

Bases legales de la sección Sociedad de ¡HOLA!